Curso alisado con keratina y tintura


Hace muy pocos días asistí a una capacitación sobre alisado con keratina y tintura para perros. El curso tomó toda una jornada de domingo y tuvo como monitores a los talentosos peluqueros caninos Gisela González y Rodrigo Ossandón, propietarios de Salón Happy Dog en Maipú. El propósito de la jornada, organizada por la Agrupación Social de Peluqueros Caninos (ASPECA), fue conocer la línea española de cosmética canina PSH, marca que estaría disponible en enero próximo en el mercado local con diversos productos entre los que destacan los que motivaron el taller.

Admito que los avances del estilismo en este sentido me provocan algunas inquietudes. Pienso que la peluquería canina debe considerar como único norte el bienestar de los animales que acuden a clínicas y salones. La higiene es fundamental para su propia salud y la de los humanos junto a quienes conviven. La belleza es un agregado que preocupa a los tutores, no a los perros. No obstante, tratamientos como el de keratina facilitan la rutina de cuidado en razas de manto liso y abundante como el de yorkies y malteses, lo que también redunda en un mejor pasar para estos perros.

Junto a Gisela González, una de las monitoras del taller.

¡Muy bien Lucy!: detalles de su adiestramiento en La Punta


Lucy en todo su esplendor deportivo.
Lucy en todo su esplendor deportivo.

Lucy posee una energía desbordante y pensé que sería una buena candidata para la práctica del agility, un deporte donde los perros completan un circuito de obstáculos guiados por un compañero humano, quien no puede tocarlos. En La Punta, localidad rural de la comuna de Codegua, la estudiante de medicina veterinaria Carolina Galvez habilitó un campo para el entrenamiento de esta actividad y también ofrece sesiones personalizadas de adiestramiento, focalizadas en requerimientos cotidianos de cualquier persona que convive con perros.

Y así partimos el pasado 16 de julio a conocer este club. Lucy debió creer que emprendía un viaje sin retorno, porque de acuerdo a las indicaciones de la entrenadora, llevamos su arnés para paseos, un plato para el agua, sus juguetes favoritos y dos paquetes de golosinas para capturar su atención (aunque Carolina sostiene la carne fresca o el pollo cocido son mucho más motivadores cuando el perro encara nuevos desafíos, en un lugar desconocido y repleto de estímulos que compiten por su interés).

El lugar no es de fácil acceso, pero cuando coordinas la clase Carolina te envía un mapa que contiene instrucciones y referencias para llegar sin contratiempos. En medio de un entorno montañoso y un silencio solo interrumpido por los relinchos de los caballos y ¡los disparos de cazadores!, Lucy -a quien Carolina describió como una “mini Akita”, con rasgos de pitbull y pastor belga- disfrutó la jornada de principio a fin. Desde la caminata de reconocimiento hasta el galope en el cerro con el que Carolina despide a los visitantes.

Una porción de nuestra vista el día de la clase.
Una porción de nuestra vista el día de la clase.

La estudiante basa su método en el refuerzo positivo. “Nunca se debe forzar a un perro” subraya Carolina. Para ello se obtiene su interés mediante pequeñas recompensas -los bocadillos arriba mencionados- acompañados de un entusiasta “¡muy bien!” seguido de su nombre. La acción se repite numerosas veces y en distintos escenarios, para conseguir que el perro “generalice”. La adiestradora enfatiza que los canes prestan mucha atención a los detalles y tienden a ser específicos, por lo que debe promoverse la capacidad de actuar del modo esperado en lugares y situaciones diferentes.

Luego de dos horas de trabajo el balance es súper positivo. Reconocer el potencial presente en cada perro, no importando su edad ni su pedigrí, es un descubrimiento fabuloso que fortalece la relación de humanos y animales. No sé si Lucy persevere en las clases, en particular porque solo se imparten los sábados y ese día trabajo, pero poseemos nuevas herramientas para mejorar nuestro vínculo y ayudarla a ella y los demás miembros de la manada a ser quiltros más felices. Para concertar una sesión con Carolina Gálvez debes escribir a su email karykai@gmail.com o llamar el fono 94193112. También puedes revisar su blog.

Obituario para Chocolate


Pareció premonitorio. El lunes pasado, cuando regresábamos de la veterinaria con el cadáver de Corbata y uno de los operarios de la gasolinera cavaba una fosa en el descampado de enfrente para depositarlo, el más anciano de los residentes cruzó a duras penas a observar lo que sucedía. Fue como si de pronto todos los años de calle y abandono le cayeran de golpe. En rigor solo siete, desde que Chocolate apareció siendo solo un cachorro y los bomberos le quitaron la sarna aplicando petróleo. Una práctica dolorosa, por supuesto, pero también efectiva, porque destruyó los ácaros y el animal exhibió casi siempre esa naturaleza robusta de los seres castigados.

No conocimos mucho sobre tu vida. Durante años fuiste un perro más, como tantos que azuzados por la negligencia humana convierten las estaciones de servicio en un hogar. Así como tú, viste pasar a docenas que no gozaron de tu fortaleza y perecieron antes. U otros con mejor fortuna, que hallaron una familia entre quienes acuden a cargar combustible. Fuiste un agradecido y respondiste a la simpatía de tus anfitriones con la nobleza inspiradora que nada más tienen los de tu especie. Cargaste las bolsas con la recaudación diaria y enseñaste los dientes al momento de un atraco que te pudo significar la muerte, pues ese cálculo no existe en la épica concepción de la amistad de los perros.

Las palabras sirven de muy poco. Al menos para ti. Ya no pudimos traerte con nosotros para que tus últimos días fuesen distintos. Ahora tu aparente indiferencia cobra sentido y esos pasos cansinos que aventuraste hacia la cripta de tu compañero quizá ponían sobre aviso respecto a la extinción de tu propia vida. Que tu memoria mueva a más personas a posar su mirada en los perros ignorados que caminan en cada rincón de nuestras ciudades. Gracias amigo.